Me topé con alguien maravilloso una vez y no supe jamás en que ciudad vivia, cual fue su canción preferida, si le gustaba la piscina el mar o ninguno de los dos lugares, si bebía agua del grifo o le daba grima que no fuese de botella, si había probado alguna vez un cigarrillo, un porro, pastillas o a cantar opera por diversión momentánea y mucho menos que canción le hacía llorar.
Ni si quiera supe cuando fue la última vez que follo, que fue al mar, que leyó un buen libro, que lloró sin motivo válido para no parar, que fue al cine, que se fijo en alguien, que se peleó con un amigo, sus padres o sus primos, que enfermo, que hizo daño a alguien para vengarse o por amor al arte […]
No tenía ni majadera idea sobre si era serio o no cuando debía serlo, de si se emborrachó alguna vez de verdad o más bien fingía, de si odiaba algun color, comida, olor o frase en especial…
No se si me gustaría en realidad saber todas esas cosas puesto que si por algo me acuerdo de él es porque sin juzgar hallé una persona que me enseñó algo en la vida dejando que yo hiciera lo propio con él.
Alma